Qué ver en la Plaza de la Concordia
La Plaza de la Concordia es un auténtico museo al aire libre. Cada elemento que la compone tiene una historia fascinante y una función simbólica precisa. A continuación repasamos los monumentos y puntos de interés que no debes perderte.
El obelisco de Luxor
El elemento más icónico de la plaza es sin duda el obelisco de Luxor (l'obélisque de Louxor), que se alza majestuoso en el centro exacto de la explanada. Se trata de un monolito de granito rosa de 23 metros de altura y un peso de aproximadamente 230 toneladas (algunas fuentes indican 200 toneladas para el bloque principal, sin contar el pedestal). Tiene más de 3.300 años de antigüedad y proviene del templo de Ramsés II en Luxor, Egipto.
El obelisco fue un regalo del virrey de Egipto, Mehemet Alí, al rey Carlos X de Francia en 1829, como gesto diplomático para fortalecer las relaciones entre ambos países. Sin embargo, el transporte desde Egipto hasta París fue una auténtica odisea que duró varios años. El ingeniero Apollinaire Lebas diseñó un barco especial, el Luxor, para transportar el monolito por el Nilo, el Mediterráneo y el Atlántico hasta el estuario del Sena, y luego río arriba hasta París.
El obelisco fue erigido en la plaza el 25 de octubre de 1836, en presencia de una multitud de más de 200.000 personas y del rey Luis Felipe I. La operación de elevación duró más de tres horas y fue seguida con enorme tensión: un error habría significado la rotura del monolito milenario. Los jeroglíficos que decoran sus cuatro caras celebran las hazañas del faraón Ramsés II.
Dato curioso
En 1998, con motivo de la celebración de la victoria de Francia en el Mundial de fútbol, se colocó un capuchón dorado en la punta del obelisco. Este revestimiento de oro y cobre, que representa el pyramidion original perdido hace siglos, permanece hasta hoy y brilla con el sol parisino.
Las fuentes monumentales
A ambos lados del obelisco se encuentran dos magníficas fuentes monumentales diseñadas por el arquitecto Jacques Ignace Hittorff. Fueron completadas e inauguradas en 1840, cuatro años después de la instalación del obelisco, y están inspiradas en las fuentes de la Plaza de San Pedro del Vaticano.
Las dos fuentes tienen una temática diferente pero complementaria:
- La Fuente de los Mares (Fontaine des Mers), situada al sur, hacia el Sena: representa las actividades marítimas de Francia. Está decorada con figuras alegóricas de la navegación, la pesca, el comercio marítimo y la cosecha de corales y perlas. Seis tritones y seis nereidas sostienen la taza superior.
- La Fuente de los Ríos (Fontaine des Fleuves), situada al norte, hacia la rue Royale: celebra la navegación fluvial. Las figuras representan los principales ríos de Francia – el Ródano, el Rin, el Loira y el Sena – acompañadas de alegorías de la agricultura, la industria y la vendimia.
Las fuentes están realizadas en hierro fundido con detalles dorados y pintados en tonos verdes. Por la noche, su iluminación les confiere un aspecto especialmente espectacular, convirtiendo la plaza en uno de los escenarios más fotogénicos de París.
El Hôtel de Crillon
En el lado norte de la plaza, flanqueando la rue Royale, se levantan dos edificios gemelos de estilo neoclásico diseñados por el arquitecto Ange-Jacques Gabriel en el siglo XVIII. El de la izquierda (mirando hacia la plaza) es el célebre Hôtel de Crillon, uno de los hoteles más lujosos del mundo, que pertenece al grupo Rosewood Hotels. Fue aquí donde, el 6 de febrero de 1778, Francia firmó el tratado de alianza con los Estados Unidos durante la Guerra de Independencia estadounidense.
Tras una renovación integral de cuatro años (2013-2017), el Hôtel de Crillon reabrió sus puertas con 124 habitaciones y suites decoradas por Karl Lagerfeld, entre otros diseñadores de renombre. Aunque alojarse allí es un lujo reservado a pocos (las tarifas superan los 1.500 euros por noche), puedes tomar un cóctel o un té en sus salones abiertos al público.
El Hôtel de la Marine
El edificio gemelo del lado derecho es el Hôtel de la Marine (l'Hôtel de la Marine), que durante más de dos siglos albergó el Ministerio de la Marina francesa. En 2021, tras una ambiciosa restauración, se abrió al público como museo y espacio cultural. Hoy se puede visitar los magníficos salones del siglo XVIII, completamente restaurados con su mobiliario original, y disfrutar de una vista espectacular de la plaza desde la loggia del primer piso.
La visita al Hôtel de la Marine incluye un recorrido inmersivo con audioguía que te transporta al siglo XVIII, con proyecciones y efectos sonoros que recrean la vida cotidiana de los guardamuebles de la Corona. Es una de las experiencias museísticas más originales de París y aún relativamente poco conocida por los turistas.
Las ocho estatuas
En las esquinas de la plaza se encuentran ocho grandes estatuas que representan las principales ciudades de Francia en la época de su instalación (década de 1830). Cada estatua es una figura femenina sentada que personifica una ciudad:
- Estrasburgo (Strasbourg) – obra de James Pradier. Fue cubierta con crespones negros y coronas de flores entre 1871 y 1918, durante la anexión de Alsacia por Alemania.
- Lille – de James Pradier.
- Ruán (Rouen) – de Jean-Pierre Cortot.
- Brest – de Jean-Pierre Cortot.
- Nantes – de Charles-François Lebœuf-Nanteuil.
- Burdeos (Bordeaux) – de Louis-Denis Caillouette.
- Marsella (Marseille) – de Louis Petitot.
- Lyon – de Louis Petitot.
Las estatuas miden cada una unos 3 metros de alto y están realizadas en piedra. Representan la riqueza y diversidad del territorio francés, recordando que la plaza pertenece a toda la nación y no solo a la capital. La estatua de Estrasburgo es particularmente emotiva: durante los 47 años de anexión alemana, los parisinos depositaban regularmente flores a sus pies como símbolo de la esperanza de recuperar Alsacia.
Consejo fotográfico
Para una foto panorámica perfecta de la plaza, sitúate junto a una de las fuentes mirando hacia el obelisco con los Campos Elíseos al fondo. Al atardecer, la luz dorada ilumina el obelisco y crea un contraste espectacular con el cielo.
Historia de la Plaza de la Concordia
La historia de la Plaza de la Concordia es un reflejo condensado de la historia de Francia: desde la monarquía absoluta hasta la República, pasando por la violencia revolucionaria. Su nombre actual, que evoca la armonía y la reconciliación, es en realidad el resultado de un intento por borrar el recuerdo de los horrores que se cometieron en este lugar.
La Place Louis XV (1755-1792)
La plaza fue creada entre 1755 y 1775 por el arquitecto Ange-Jacques Gabriel, por encargo del rey Luis XV. El terreno elegido era un vasto espacio pantanoso situado entre el Jardín de las Tullerías y los Campos Elíseos, que se drenó y niveló para crear una explanada abierta. En el centro se erigió una estatua ecuestre de Luis XV, obra del escultor Edmé Bouchardon, que daba nombre a la plaza.
Gabriel diseñó una plaza abierta, sin edificios en tres de sus cuatro lados, algo inusual en la época. Solo el lado norte fue cerrado con dos edificios gemelos de fachadas columnadas, separados por la rue Royale: el Garde-Meuble de la Couronne (actual Hôtel de la Marine) y un edificio que sería posteriormente adquirido por el conde de Crillon. El diseño de Gabriel, con su elegancia sobria y sus proporciones armoniosas, es considerado una obra maestra del urbanismo neoclásico francés.
La Place de la Révolution (1792-1795)
Con el estallido de la Revolución Francesa en 1789, la plaza cambió radicalmente de significado. La estatua de Luis XV fue derribada y fundida, y la plaza pasó a llamarse Place de la Révolution (Plaza de la Revolución). En enero de 1793, se instaló la guillotina en el centro de la plaza, y comenzó uno de los capítulos más oscuros de la historia de París.
Entre 1793 y 1795, se estima que fueron ejecutadas en esta plaza aproximadamente 1.000 personas (otras fuentes elevan la cifra a 1.119). Entre las víctimas más célebres se encuentran:
- Luis XVI (21 de enero de 1793) – El rey fue ejecutado ante una multitud enorme. Según los testimonios, intentó dirigirse al pueblo pero los tambores ahogaron sus palabras.
- María Antonieta (16 de octubre de 1793) – La reina fue ejecutada nueve meses después que su esposo, tras un juicio sumario.
- Charlotte Corday (17 de julio de 1793) – La joven normanda que asesinó a Marat en su bañera.
- Georges Danton (5 de abril de 1794) – Uno de los líderes revolucionarios, víctima de las purgas internas del Terror.
- Maximilien de Robespierre (28 de julio de 1794) – El artífice del Terror fue él mismo guillotinado, marcando el fin de este período sangriento.
- Antoine Lavoisier (8 de mayo de 1794) – El padre de la química moderna, ejecutado por su pasado como recaudador de impuestos.
La guillotina fue trasladada temporalmente a la Place de la Bastille y a la Place du Trône-Renversé (actual Place de la Nation) durante algunos meses, pero siempre regresó a la Place de la Révolution, que se convirtió en el símbolo más visible del Terror revolucionario.
Nota histórica
Según los testimonios de la época, el suelo de la plaza quedaba empapado de sangre después de las ejecuciones masivas, y los habitantes de las calles circundantes se quejaban del olor. Los animales de los alrededores se negaban a cruzar la plaza. Estos detalles macabros explican por qué, tras el Terror, se buscó urgentemente cambiar el nombre y la imagen del lugar.
La Place de la Concorde (desde 1795)
Tras la caída de Robespierre y el fin del Terror, el Directorio decidió en 1795 renombrar la plaza como Place de la Concorde (Plaza de la Concordia), con la esperanza de que el nuevo nombre simbolizara la reconciliación nacional tras los años de violencia. Sin embargo, durante la Restauración borbónica (1814-1830), la plaza volvió a llamarse temporalmente Place Louis XV, antes de recibir definitivamente su nombre actual en 1830, con la llegada al trono de Luis Felipe I.
La transformación definitiva de la plaza se produjo entre 1833 y 1840, bajo la dirección del arquitecto Jacques Ignace Hittorff. Fue Hittorff quien diseñó el conjunto que vemos hoy: la instalación del obelisco de Luxor en el centro (1836), la construcción de las dos fuentes monumentales (1840), la colocación de las ocho estatuas de las ciudades, los candelabros monumentales y las columnas rostrales. La elección de un obelisco egipcio como monumento central no fue casual: se buscaba un elemento políticamente neutro, que no recordara ni la monarquía ni la revolución.
Desde entonces, la Plaza de la Concordia ha sido escenario de eventos tanto trágicos como festivos: desfiles militares, celebraciones de la Liberación en 1944, concentraciones populares y, cada año, la llegada del Tour de Francia, que culmina con un sprint final por los Campos Elíseos con la plaza como telón de fondo.
Cómo llegar a la Plaza de la Concordia
La Plaza de la Concordia se encuentra en el 8.º distrito de París (8e arrondissement), en el extremo oriental de los Campos Elíseos, junto al Jardín de las Tullerías y el río Sena. Es uno de los puntos más céntricos y mejor comunicados de la capital francesa.
Transporte: estación Concorde
La estación Concorde es servida por las líneas 1, 8 y 12 del metro de París. Al salir, estarás directamente en la plaza.
En metro
La estación más cercana es Concorde, que es un importante nudo de comunicaciones servido por tres líneas de metro:
- Línea 1 (amarilla) – La línea más turística de París, que conecta la Défense con el Château de Vincennes pasando por los Campos Elíseos, el Louvre y la Bastilla.
- Línea 8 (lila) – Conecta Balard con Pointe du Lac, pasando por la Ópera y la Bastilla.
- Línea 12 (verde oscuro) – Conecta la Mairie d'Issy con Aubervilliers, pasando por Montparnasse y Montmartre.
Al salir de la estación Concorde, te encontrarás directamente en la plaza. Las salidas están señalizadas hacia los diferentes puntos de interés: Jardín de las Tullerías, Campos Elíseos, rue Royale.
En autobús
Numerosas líneas de autobús tienen parada en la plaza o en sus inmediaciones: líneas 24, 42, 52, 72, 73, 84 y 94. La línea 72 recorre la orilla derecha del Sena y ofrece un bonito paseo urbano.
A pie
La Plaza de la Concordia es un punto de paso natural en muchos itinerarios turísticos por París:
- Desde el Museo del Louvre: 15 minutos a pie atravesando el Jardín de las Tullerías.
- Desde el Arco del Triunfo: 25-30 minutos bajando por los Campos Elíseos.
- Desde la Iglesia de la Madeleine: 10 minutos por la rue Royale.
- Desde el Museo de Orsay: 10 minutos cruzando la pasarela Léopold-Sédar-Senghor sobre el Sena.
Ruta recomendada
Un itinerario clásico es empezar en el Arco del Triunfo, bajar por los Campos Elíseos hasta la Plaza de la Concordia, cruzar el Jardín de las Tullerías y terminar en el Museo del Louvre. Este paseo de unos 3 kilómetros recorre el célebre eje histórico de París (l'axe historique) y te permite ver los monumentos más emblemáticos de la ciudad en línea recta.
Información práctica
Plaza de la Concordia
Qué ver cerca
La Plaza de la Concordia está rodeada de algunos de los lugares más emblemáticos de París:
- Jardín de las Tullerías (Jardin des Tuileries) – Uno de los jardines más antiguos y bellos de París, que se extiende desde la plaza hasta el Louvre. Paseo imprescindible.
- Campos Elíseos (Champs-Élysées) – La avenida más famosa del mundo parte de la plaza hacia el Arco del Triunfo.
- Iglesia de la Madeleine – Visible desde la plaza al final de la rue Royale, este templo neoclásico impresiona por su fachada de columnas corintias.
- Asamblea Nacional (Assemblée nationale) – Al otro lado del Sena, conectada con la plaza por el Pont de la Concorde.
- Museo de la Orangerie – En la esquina del Jardín de las Tullerías, alberga los famosos Nenúfares de Monet.
- Hôtel de la Marine – Abierto al público desde 2021, ofrece salones del siglo XVIII restaurados y vistas de la plaza.
- Grand Palais – A pocos minutos por la Avenue des Champs-Élysées, reabierto en 2025 tras su renovación integral.
La Plaza de la Concordia es mucho más que una rotonda con un obelisco: es un libro de historia a cielo abierto, donde conviven la elegancia del urbanismo neoclásico, la memoria de los horrores revolucionarios y el bullicio de la vida parisina contemporánea. De día o de noche, en primavera o en invierno, merece una visita pausada para apreciar cada uno de sus elementos y comprender la riqueza de su pasado.