Entradas y precios
Las Catacumbas de París son uno de los monumentos donde la reserva previa es más importante: la capacidad está limitada a 200 personas simultáneamente, y las colas sin reserva pueden superar las 3 horas en temporada alta.
| Tipo de entrada | Precio |
|---|---|
| Entrada individual (sin audioguía) | 10 € |
| Tarifa reducida | 8 € |
| Entrada con audioguía | 29 € |
| Menores de 18 años | Gratis (audioguía 5 €) |
Qué ver en las Catacumbas
El recorrido oficial tiene una longitud de 1,5 kilómetros y dura entre 45 minutos y una hora. Se desciende por una escalera de caracol de 131 escalones hasta una profundidad de 20 metros, se recorren las galerías y se sale por otra escalera de 112 escalones en un punto diferente de la ciudad.
El Osario (l'Ossuaire)
El momento más impactante de la visita llega cuando, tras un largo recorrido por galerías vacías de antiguas canteras, se atraviesa un dintel de piedra con la inscripción más célebre de las catacumbas:
Arrête! C'est ici l'empire de la Mort.
(¡Detente! Aquí comienza el imperio de la Muerte.)
Al cruzar esa puerta, el espectáculo es sobrecogedor: a ambos lados de la galería, los huesos de 6 millones de personas están apilados del suelo al techo en formaciones cuidadosamente organizadas. Los cráneos y las tibias forman las capas visibles, dispuestos en patrones decorativos (cruces, corazones, líneas onduladas), mientras que el relleno detrás está compuesto de huesos más pequeños. Placas de piedra indican el cementerio de procedencia y la fecha de transferencia.
El recorrido atraviesa varias salas con nombres evocadores:
- La Cripta de la Pasión (le Caveau de la Passion): Un pilar de huesos en forma de barril, una de las composiciones más fotogénicas del osario.
- La Fuente de la Samaritana (la fontaine de la Samaritaine): Un pequeño manantial subterráneo que ha fluido durante siglos entre los huesos, creando una atmósfera aún más inquietante.
- La Lámpara sepulcral (la lampe sépulcrale): Un monumento circular con una llama esculpida en piedra, erigido en memoria de los difuntos.
La Escultura del Puerto de Mahón
Antes de llegar al osario, una de las curiosidades más sorprendentes del recorrido es la Escultura del Puerto de Mahón (la sculpture du Port-Mahon), una maqueta tallada directamente en la roca por un veterano de guerra llamado Décure, que trabajó como cantero en las galerías a finales del siglo XVIII. Décure, que había sido prisionero en la fortaleza de Port-Mahon en Menorca (España), esculpió de memoria una réplica detallada de las fortificaciones del puerto. Murió aplastado por un derrumbe mientras excavaba una escalera para acceder mejor a su obra. Es uno de los episodios más trágicos y conmovedores de la historia de las catacumbas.
El pozo subterráneo
A lo largo del recorrido, se pueden observar varios pozos de inspección que conectan las galerías subterráneas con la superficie. Estos pozos, algunos con agua estancada en el fondo, fueron excavados para facilitar la ventilación y la inspección de las canteras. Algunos tienen hasta 20 metros de profundidad y crean un efecto vertiginoso cuando se mira hacia arriba y se ve un pequeño círculo de luz al final del pozo.
Leyendas y secretos de las Catacumbas
Las catacumbas oficiales representan apenas un pequeño fragmento de los más de 300 kilómetros de galerías subterráneas que se extienden bajo París. Este inmenso laberinto, en su mayor parte cerrado al público e ilegal de explorar, ha generado a lo largo de los siglos una cultura secreta fascinante.
Los catáfilos (les cataphiles)
Los catáfilos (les cataphiles) son los exploradores clandestinos de las catacumbas no oficiales. Desde los años 1970, miles de parisinos se han adentrado ilegalmente en las galerías a través de entradas secretas (alcantarillas, sótanos de edificios, túneles del metro) para explorar, hacer fiestas, pintar grafitis o simplemente experimentar la soledad absoluta a 20 metros bajo tierra.
La exploración clandestina de las catacumbas es ilegal y está castigada con una multa de 60 euros, pero la policía especializada (la brigade des catacombes) no puede vigilar los 300 kilómetros de galerías, y los catáfilos siguen activos. Han desarrollado sus propios mapas, sus propios códigos y una cultura subterránea única que se transmite de generación en generación.
La playa subterránea
Una de las leyendas más célebres de las catacumbas es la de la «plage» (playa): una sala subterránea donde alguien instaló arena, tumbonas, una pantalla de cine y un sistema de sonido. En 2004, la policía descubrió esta sala durante una operación de inspección y quedó atónita: además de la playa, había un bar improvisado con botellas de whisky, un restaurante con mesas y sillas, un sistema eléctrico conectado ilegalmente a la red de la ciudad y una cámara de vigilancia que alertó a los ocupantes de la presencia policial. Cuando los agentes regresaron al día siguiente, todo había sido desmontado y solo quedaba una nota: «Ne cherchez pas» (No busquen).
La biblioteca secreta
Los catáfilos han creado a lo largo de los años varias bibliotecas subterráneas: estanterías excavadas en la roca o construidas con ladrillos recuperados, llenas de libros que los visitantes pueden tomar, leer y devolver. Es un sistema de préstamo basado en la confianza, en uno de los lugares más inhóspitos de París.
El búnker nazi
Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los alemanes como la Resistencia francesa utilizaron las catacumbas. Los nazis construyeron un búnker bajo el Lycée Montaigne (6.º distrito) conectado con las galerías, mientras que la Resistencia utilizó las catacumbas como rutas de comunicación clandestina y escondite para armas y combatientes. El coronel Henri Rol-Tanguy, líder de la insurrección de París en agosto de 1944, estableció su cuartel general en un búnker subterráneo cerca de la Place Denfert-Rochereau, a pocos metros de la entrada oficial de las catacumbas.
La desaparición de 1961
En 1961, un grupo de estudiantes decidió explorar las catacumbas no oficiales. Uno de ellos se perdió en el laberinto y no fue encontrado hasta 11 años después, cuando sus restos fueron descubiertos en una galería remota. Esta historia, entre otras, alimenta la reputación siniestra de las catacumbas y sirve de advertencia: las galerías no oficiales son un laberinto mortal donde es extremadamente fácil desorientarse, sin cobertura telefónica ni señalización.
Historia de las Catacumbas
Las galerías subterráneas de París son, en su origen, antiguas canteras (les carrières) de las que se extrajo la piedra caliza utilizada para construir la ciudad durante siglos. Desde la época romana (Lutèce), los parisinos excavaron el subsuelo para obtener la piedra blanca y compacta que caracteriza los edificios de la capital. Con el tiempo, la red de galerías se volvió tan extensa que el subsuelo de toda la rive gauche quedó literalmente socavado.
La crisis de los cementerios
A finales del siglo XVIII, los cementerios parisienses estaban saturados. El más problemático era el Cimetière des Innocents (Cementerio de los Inocentes), situado en pleno centro de París (actual Place Joachim du Bellay, junto a Les Halles). Utilizado durante más de diez siglos, el cementerio había acumulado tantos cadáveres que el nivel del suelo se había elevado varios metros. En 1780, una pared del cementerio se derrumbó y un alud de restos humanos invadió los sótanos de las casas vecinas. El hedor era insoportable y las epidemias amenazaban.
La transferencia de 1786
En 1786, el rey Luis XVI ordenó la transferencia de los restos del Cimetière des Innocents a las antiguas canteras de la Tombe-Issoire, bajo la actual Place Denfert-Rochereau. La operación, dirigida por Charles-Axel Guillaumot, inspector general de las canteras, duró varios años y se realizó de noche, en procesiones solemnes de carretas cubiertas con paños negros, acompañadas por sacerdotes que cantaban el oficio de difuntos. Progresivamente, los restos de otros cementerios parisinos fueron también transferidos a las galerías, hasta alcanzar los 6 millones de personas que reposan allí hoy.
Los huesos fueron inicialmente amontonados sin orden, pero en 1810, el inspector Héricart de Thury reorganizó el osario con un sentido estético y didáctico: mandó apilar los huesos en las formaciones decorativas que se ven hoy, añadió las placas indicativas de procedencia, instaló altares y monumentos funerarios y creó el recorrido de visita que, con pocas modificaciones, sigue existiendo actualmente.
Cómo llegar a las Catacumbas
La entrada de las Catacumbas se encuentra en la Place Denfert-Rochereau, en el 14.º distrito de París. La entrada es un pequeño pabellón verde junto a la estatua del León de Belfort.
1 Avenue du Colonel Henri Rol-Tanguy, 75014 Paris
En metro
- Metro líneas 4 y 6, estación Denfert-Rochereau: La estación da directamente a la Place Denfert-Rochereau. La entrada de las catacumbas está a menos de un minuto a pie.
En RER
La estación Denfert-Rochereau del RER B también da acceso directo a la plaza.
Importante: la salida
La salida de las catacumbas (la sortie) no se encuentra en el mismo lugar que la entrada. Después del recorrido, se sale por la Rue Rémy Dumoncel, a unos 500 metros de la entrada. Tenlo en cuenta si has dejado algo en un punto de encuentro cerca de la entrada.